Resumen
El canciller alemán Friedrich Merz advirtió que el orden mundial basado en reglas 'ya no existe' y alertó que 'nuestra libertad no está garantizada' en una era dominada por grandes potencias, según reportó BBC World sobre su intervención en la cumbre de seguridad de Múnich.
El canciller alemán, Friedrich Merz, lanzó una advertencia contundente durante la Conferencia de Seguridad de Múnich al afirmar que el orden mundial basado en reglas “ya no existe”. Sus declaraciones, recogidas por BBC World y otros medios internacionales, se insertan en un momento de creciente tensión geopolítica, cuestionamientos al multilateralismo y redefinición de las alianzas estratégicas en Europa y el resto del mundo.
La Conferencia de Seguridad de Múnich, celebrada anualmente en la ciudad bávara, es uno de los foros más influyentes en materia de defensa, seguridad y política exterior. Reúne a jefes de gobierno, ministros, altos mandos militares, expertos y representantes de organismos internacionales. Tradicionalmente, ha sido un espacio donde se articulan las grandes líneas de la política de seguridad occidental y se testean las relaciones entre potencias. En ese escenario, las palabras de Merz adquieren un peso particular, no solo como diagnóstico, sino como señal política dirigida a aliados y adversarios por igual.
Según la información difundida por BBC World, Merz sostuvo que el entramado de normas, instituciones y acuerdos que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial y especialmente tras el fin de la Guerra Fría, había dado forma a un orden internacional relativamente predecible, se encuentra hoy profundamente erosionado. “Nuestra libertad no está garantizada”, advirtió, subrayando la percepción de que Europa ya no puede dar por sentado el marco de seguridad y estabilidad que marcó las últimas décadas.
El concepto de “orden mundial basado en reglas” hace referencia al sistema de instituciones multilaterales —como Naciones Unidas, la OTAN, la Unión Europea, la Organización Mundial del Comercio y diversas cortes y organismos internacionales— que, al menos en teoría, regulan las relaciones entre Estados, limitan el uso de la fuerza y proporcionan mecanismos para resolver disputas. Ese entramado se construyó sobre principios como la soberanía estatal, la integridad territorial, el respeto a los derechos humanos y la cooperación económica.
En los últimos años, sin embargo, ese modelo ha sido cuestionado y desafiado desde varios frentes. La invasión rusa de Ucrania, el auge de la rivalidad estratégica entre Estados Unidos y China, las tensiones en Oriente Medio, los retrocesos democráticos en distintos países y la parálisis de algunos organismos internacionales han alimentado la percepción de que las normas existentes ya no bastan para contener la competencia entre grandes potencias ni para garantizar el respeto a los principios básicos del derecho internacional.
En este contexto, la advertencia de Merz apunta a una realidad que muchos analistas vienen señalando: el tránsito hacia un orden más fragmentado, en el que bloques regionales, coaliciones ad hoc y acuerdos bilaterales ganan terreno frente a las instituciones globales. Para Alemania, una potencia fuertemente integrada en el comercio internacional y tradicionalmente defensora del multilateralismo, este cambio de escenario supone un desafío estratégico de primer orden.
Las palabras del canciller también deben leerse a la luz de la situación de seguridad en Europa. La guerra en Ucrania ha obligado a los países europeos a replantearse su dependencia en materia de defensa, su relación con Estados Unidos y el futuro de la OTAN. Alemania, en particular, ha experimentado un giro significativo en su política de seguridad desde 2022, con el anuncio de un “cambio de era” (Zeitenwende) que incluía un aumento del gasto militar y un mayor compromiso con la defensa colectiva.
Aunque el reporte de BBC World no detalla medidas concretas ni propuestas específicas formuladas por Merz, su mensaje parece orientado a reforzar la idea de que Europa debe asumir más responsabilidades en su propia seguridad y adaptarse a un entorno donde las garantías externas, especialmente estadounidenses, podrían ser menos predecibles. En este sentido, la afirmación de que “nuestra libertad no está garantizada” funciona tanto como advertencia interna —a las sociedades europeas, reacias a veces a incrementar el gasto en defensa— como externa, dirigida a socios y rivales.
El diagnóstico de Merz se suma a un debate más amplio sobre el futuro del sistema multilateral. Mientras algunos gobiernos defienden la necesidad de reformar y fortalecer las instituciones existentes, otros apuestan por una lógica de poder más transaccional, en la que las reglas son vistas como instrumentos flexibles, sujetos a la correlación de fuerzas. Las tensiones comerciales, los vetos cruzados en organismos como el Consejo de Seguridad de la ONU, y la instrumentalización de la energía, la migración o la tecnología como herramientas de presión geopolítica, son síntomas de esta transformación.
Para Alemania, cuya prosperidad se ha apoyado en la estabilidad de los mercados globales, el acceso a materias primas y la apertura comercial, la erosión de ese orden basado en normas compartidas tiene implicaciones directas. La necesidad de diversificar socios, reducir dependencias estratégicas —por ejemplo, en el ámbito energético o tecnológico— y reforzar la resiliencia interna se ha convertido en una prioridad en la agenda de Berlín. Las palabras de Merz pueden interpretarse como un intento de preparar a la opinión pública para decisiones potencialmente costosas en términos económicos y políticos.
Al mismo tiempo, el mensaje del canciller alemán puede leerse como una llamada de atención a los países aliados. Al subrayar la fragilidad de la libertad y la ausencia de un marco regulador sólido y respetado, Merz parece instar a las democracias occidentales a coordinar mejor sus políticas, cerrar filas en torno a ciertos principios básicos y evitar divisiones que puedan ser explotadas por actores revisionistas. La unidad de la Unión Europea frente a la guerra en Ucrania, si bien notable en algunos aspectos, también ha mostrado fisuras en cuestiones como las sanciones, la energía o la ampliación de la UE hacia el este.
La advertencia sobre el fin del orden mundial basado en reglas no implica necesariamente la aceptación de un escenario de caos absoluto, sino el reconocimiento de que las normas existentes ya no cuentan con el consenso ni la capacidad de implementación que tuvieron en el pasado. En ese vacío, la competencia entre potencias —incluyendo dimensiones militares, económicas, tecnológicas y de información— tiende a intensificarse.
En última instancia, la intervención de Merz en Múnich refleja la sensación de que Europa se encuentra en una encrucijada histórica. Entre la defensa de un multilateralismo en crisis y la adaptación a un mundo más duro y menos regulado, las decisiones que adopten Alemania y sus socios en los próximos años contribuirán a definir no solo su propia seguridad, sino también la configuración del sistema internacional que emerja de este periodo de transición. La frase “el orden mundial basado en reglas ya no existe” funciona así como diagnóstico, advertencia y, en cierto modo, como llamado a la acción.

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